viernes, 7 de noviembre de 2014

AL CORRER DE LOS AÑOS (EN LA NOCHE - XII)

    Al correr de los años, envueltos en un sutil manto de horas entregadas, se ha ido desgranando la vida y sus misterios. Nunca estuvimos tan cerca del abismo, como cuando descubrimos que las gaviotas que surcaban el horizonte en los atardeceres rojos no iban a ninguna parte. Ahora, en las aguas calmas del ocaso, flotan los cadáveres de los instantes desvanecidos al paso de los días. Los verdes campos están secos en el espejo de la cruel memoria. Sin remisión, en las sombras se esconde el tenebroso canto de ancestrales sirenas que habitan las islas no encontradas en los mapas. Si navegáis los mares cercanos a ellas, no os dejéis hechizar por sus cantos, ni por su aparente belleza. Tras los bellos rostros y las sensuales formas, esconden afilados dientes y corvas garras negras que arrancarían vuestras entrañas hiriendo el interior más profundo. Al correr de los años el espejo se torna revelador implacable. Su faz empañada apenas sí deja vislumbrar el rostro cansado y pensativo. Las gotas que resbalan por su lisa superficie se interponen entre nosotros y nuestro reflejo. Son lágrimas vacías, insípidas, olvidadas en el discurrir de los días. En las noches solitarias, las sombras dibujan frías siluetas en las paredes, sobre los muebles, al abrigo de puertas entreabiertas, en las habitaciones abandonadas. Y en el amanecer, hay un viejo sabor a sueños cumplidos diluidos en el despertar de un nuevo día que nos abre a nuevos enigmas al correr de los años.



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