jueves, 5 de junio de 2014

EL ÚLTIMO ALIENTO (EN LA NOCHE - XI)

    A cualquier hora, en cualquier lugar, inesperadamente, con sutileza, tal vez con brusquedad, bajo la noche sin luna, cuando el sol esté brillando, al abrigo del lecho, en el bullicio de la urbe, frente al mar de los sueños, descendiendo las cumbres del desencanto, ascendiendo por senderos mágicos; de un modo u otro, llegará. Posará su firme y huesuda mano sobre mí y, al hacerlo, todo lo vivido se disipará envuelto en la bruma del último ocaso. Quedarán mis escritos hieráticos y mudos sobre los anaqueles, solemnes los pentagramas con mi música guardarán respetuoso silencio. Y libros a medio leer esperarán en vano mi mano ansiosa sobre sus páginas. Encapuchada con su negro sayal invadirá mi yo sin compasión. El filo de su guadaña brillará amenazante disuadiendo de cualquier esperanza. Y la clepsidra que contaba mis días quedará sin el líquido elemento. Todo lo que creí mío se dispersará en otras manos, otros ojos, otros sueños; o simplemente sufrirá mi ausencia involuntaria. El otoño volverá de nuevo jugando con las hojas vencidas del recuerdo, mientras papeles a medio escribir serán llevados por el frío viento del Norte a los Lugares Olvidados por los Dioses. La melodía que juntos compartimos sonará cada vez más lejana hasta diluirse en la suave brisa de los días. Y todo lo que soy residirá en una efímera lágrima apenas esbozada en la cruel primavera ajena a mis angustias. Girará el planeta sobre el leve recuerdo de mis noches. Las calles donde sentí el aliento salvaje de los dorados días, darán asilo a otras gentes  y sus historias. Y los besos que di no tendrán dueño, ni los abrazos podrán asir el cuerpo amigo. Todo será vacío en las esferas del infinito manto del universo ignoto. Y seguirá la vida con su canción sin tonalidad ni modalidad plausible. Incierta melodía que baila con la muerte en una danza eterna sobre la noche de los tiempos.

FOTO DE JULIO MARIÑAS

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