martes, 11 de septiembre de 2012

PLAYA DE SAN LORENZO EN GIJÓN

ATARDECER EN LA PLAYA DE SAN LORENZO EN GIJÓN - FOTO DE JULIO MARIÑAS

    

    El alba y el ocaso en los lugares que uno visita, nunca engañan. Es como los primeros pasos y los últimos en la vida de los seres humanos, que son los más auténticos. Porque cuando amanece en una nueva vida todo son ilusiones y esperanzas; porque cuando anochece en una vida gastada todo son recuerdos y adioses.
    Apenas despuntaba septiembre cuando me acerqué al paseo que abraza la playa de San Lorenzo para ser recibido por un agitado mar de sensaciones en el ocaso del día. Mar Cantábrico que se asoma al mismo centro de la ciudad de Gijón. Ese Gijón que un espléndido Antonio Ferrandis recorría en los primeros instantes de la película de José Luis Garcí, Volver a empezar, interpretando a un reconocido escritor que visitaba su tierra natal para, antes de morir, reencontrarse con sus raíces, con su esencia primigenia. Esa película que nos dejó para la historia el Duelo de Titanes interpretativo entre el mencionado Antonio Ferrandis y José Bódalo, en la escena en que este último recibe de su amigo la triste noticia de un final inminente. Si que es grande el cine. Y son grandes algunos de nuestros actores que merece la pena mostrar a las nuevas generaciones. Porque, como muchos otros, Antonio Ferrandis y José Bódalo, aunque obtuvieron el reconocimiento por la omnipresente televisión, fueron unos gigantes de la interpretación curtidos en largos años de escena teatral.
    Pero estaba hablando de ocasos y amaneceres, y sin querer, he acabado donde muchas veces, en el cine y esas otras cosas del arte que tanto me gustan.
    Apenas despuntaba septiembre cuando me acerqué al paseo que abraza la playa de San Lorenzo para ser recibido por un mar calmo, espejo de un sol cegador en el amanecer del día. Siempre lo he pensado: “Para conocer un lugar, contempla el día morir en su relieve y contempla el día nacer sobre sus formas”. El destino me ha dado esa suerte, y la ciudad de Gijón, como otros lugares, me brindó un atardecer y un amanecer imborrables.
    Los fuertes vientos del noroeste soplando sobre el mar cantábrico en el atardecer de la playa de San Lorenzo, destilaban la última esencia traída desde sus orígenes en los mares del Norte. Y una vez más la meditación para volver a concluir que, el ser humano es una estrella insignificante en la inmensidad del cielo.    

AMANECER EN GIJÓN - FOTO DE JULIO MARIÑAS

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