TAL VEZ LA VIDA

Como fuente inagotable la vida seductora, amable; cruel, trémula; se ha ido filtrando por los cristales. Allá, más allá; en la lejanía de un largo otoño presentido, un caminante se pierde en el horizonte. Los dioses, hoy dormidos en la montaña de fuego, acunaron en un tiempo lejano la pasión y el desvarío. Fue en la edad temprana de la juventud; cuerpos vigorosos, suaves como el manto que cubre la radiante primavera del ayer soñado. Una, dos, tres, cuatro… infinitas las lágrimas por amor derramadas. ¿Quién no ha tenido que asomarse a la estígica laguna en ciertas noches de dolor, hiel y ansiedad? La vida se escribe siempre con tímidos retazos en un lienzo irregular; melodía inconclusa que va meciendo las horas rotas, desgarradas, deslizándose por una pared quebrada, con humedades antiguas, restos de tardes invernales, cuando el sol no salía, y todo era penumbra; nostálgico pasado acunado en las olas de un mar eterno. Aquí y allá, los relojes van cesando su oscilante...