UNA MALETA Y LA LUNA - VIII
Y la noche se hace amplia, espesa, con un densidad asfixiante, señoreada por la luna que permanece en el firmamento escoltada por un séquito de nubes grises. Es una de esas noches en que los párpados parecen negarse a ceder ante el cansancio y los ojos se humedecen haciendo más espectral la visión de un cielo que sigue siendo desconocido para el hombre. Un murciélago distraído, con algún desarreglo en su sistema de ecolocalización, golpea súbitamente el cristal de la ventana profanando el silencio reinante. Tumbado sobre las sábanas sin abrir, imagino las calles desiertas, tétricas, apenas alumbradas por la amarillenta luz moribunda de algunas viejas farolas. Hasta mis oídos llega el acompasado y lejano percutir de unos tacones contra el pavimento; poco a poco va cobrando fuerza, hasta resultar molesto al quebrar contundente el silencio; del mismo modo, vuelve a diluirse y se desvanece. Es curioso lo evocador que puede resultar un ruido tan seco y anónimo. T...