sábado, 28 de julio de 2012

A LA SOMBRA


    Demasiada luz, exceso de oropel, bullicio donde la individualidad se diluye. Confusión de egos desmedidos, porque hay que ser más que otros. Con lo difícil que es simplemente ser uno mismo. Mejor a la sombra, entre los claroscuros que dan sentido al “yo” menos superficial. Donde sentir la suavidad del cálido verano, donde escuchar los latidos de corazón que ama. Los cuerpos se desnudan en la arena. Pero las almas siguen guardando sus secretos. Tan solo, alguna mirada ausente en el vacío de la espuma nos dice que aún hay sentimientos, que aún el mar alberga algo más que los naufragios de una tierra que en su artificial castillo de soberbia agoniza. Mi cuerpo se sumerge en las aguas y las olas lo mecen distraídas. Después, como siempre, una vez más, la arena se  escapa entre mis manos. Y regreso a la sombra del cuarto donde me esperan los mismos habitantes. Esos que llenan el silencio de todo lo que alberga la memoria. 


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