Una negrura densa en desespero late en la noche oscura; persistente, espesa, amarga, sórdida y doliente; lacerante cual látigo certero. De sus voraces fauces no libero mi atormentado corazón ardiente; y cuando el sol se oculta allá en poniente, tenebrosa se cierne en mi sendero. A punto de ceder en el tormento, con fervor feroz me agarro a la pasión, compañera de mí soñar sediento. Voy perdiéndome en un mar de desazón, mientras mis versos se los lleva el viento, ya desterrados de mí a cualquier rincón. ---------- ©Julio Mariñas Compositor y escritor