LA SIMPLIFICACIÓN ENTRE BUENOS Y MALOS
Cuando era niño tuve la oportunidad de disfrutar de muchas de las películas que proyectaban en los dos cines que entonces había en el barrio del Calvario. En los años setenta estaban abiertos en la ciudad de Vigo -que no llegaba a los 200.000 habitantes- más de veinte cines. Hoy ya no queda ninguno de aquellos antiguos templos generadores de sueños e ilusiones. Hasta los más importantes han sido aniquilados, como otras tantas cosas históricas que formaban parte de lo que un día fue una bella ciudad emplazada en un lugar idílico. Parece ser, en vista de lo acontecido en los últimos cuarenta años en Vigo, que el progreso implica arrasar con todo aquello que contenga parte de la esencia del pasado; en lugar de transformar o adaptar los lugares con historia para que permanezcan en el tiempo como testimonio de lo que fue. Y en el caso de Vigo, además, progreso ha significado cerrar el mar lo máximo posible a la visión y el disfrute de los habitantes de la ciudad. ...