LA NADA
He vuelto a pisar los caminos. Otra vez, siluetas confusas y livianas en la memoria abatida. Mis huellas en la arena, sombras de lágrimas que ya no tienen piel para el descenso hacia lo hondo de todo lo sentido. Un golpe seco duele mucho menos que la visión de un mundo del que nada se espera. El optimismo y el pesimismo son lujos que sólo pueden permitirse las gentes fuertes y valientes. Para mi, prefiero la nada. Lugar virgen, sin mácula; médano en el planeta humano. Allí, donde aún es posible olvidar y recordar, construir mundos imaginarios que se tornan reales con un solo golpe de verso. La nada que se ofrece ante mis ojos como un lugar para seguir ejerciendo el sueño mágico de la creación. Sin otra finalidad que ser, con toda la libertad que entraña esa palabra; con todo el contenido que encierra la palabra libertad. Así va anocheciendo. La niebla se posa lentamente sobre las montañas. Para que pedir más. Después de haber vivido, segu...