EL SER HUMANO - UN ANIMAL LLENO DE EGOCENTRISMO Y VANIDAD
Marzo de 2026. Los políticos y líderes son portavoces y defensores de los propios intereses de sus respectivos partidos y grupos; y los ciudadanos que siguen las proclamas de los políticos y líderes de los diferentes partidos y grupos son a su vez portavoces y defensores de esos políticos y líderes.
Los políticos y líderes en lugar de preocuparse por los ciudadanos y el bienestar social, se preocupan por sí mismos y los suyos; y, los ciudadanos que los siguen, en lugar de preocuparse los unos por los otros y entenderse para solventar los problemas del día a día, se dedican a seguir y preocuparse por los políticos y líderes.
En una espiral sinfín, los políticos y líderes de los diferentes partidos y grupos –cada vez más abundantes y separados entre sí- han construido una gran pira echa de ideas abstractas y globales –que tienen poco que ver con la realidad del día a día, pero afectan a la vida de las gentes- y han prendido un fuego al que echan cada día un poco más de leña con la intención de quemar a todos los demás menos a los suyos. Y si en las llamas caen todas aquellas personas que no siguen sus máximas tampoco importa.
Mientras, los ciudadanos, en lugar de agarrar las mangueras y apagar las hogueras que sus políticos y líderes han creado y alimentan sólo en beneficio propio, se dedican a soplar y soplar sobre ellas para avivar más el fuego.
Nadie entra en razón, porque cada uno tiene “su razón” y, ¡Oh, rarezas de la vida!, las razones de unos y otros no coinciden en ningún punto por pequeño que sea. Salvo si el interés es tener más poder o más riqueza por ambas partes.
Cualquier episodio es bueno para este “combate” continuo que nos están ofreciendo los diferentes políticos y líderes; a los que pagamos con nuestros impuestos. Desde la más mínima palabra o sospecha sobre algo, hasta las catástrofes y guerras en las que hay cientos de muertos y miles de vidas truncadas.
La mayoría de la gente hace su vida alrededor de una pantalla de móvil. Las informaciones se suceden a ritmo vertiginoso sin verificar. Muchos medios de comunicación publican noticias sin contrastar. Estas se desmiente después, o no. Los políticos y líderes dicen una cosa y después la otra. Pactan o no de acuerdo a sus intereses particulares.
Mientras, los ciudadanos no parecen darse cuenta de que, las hogueras que los políticos y líderes han levantado no son para los dirigentes. Ellos nunca se van a quemar en ellas. Es el pueblo, el mismo que con su trabajo mantiene el entramado social, pero al mismo tiempo sigue y jalea a sus “nuevos ídolos” carentes de principios y ética, el que va a acabar ardiendo en las llamas.
Las gentes caminan como zombis detrás de sus políticos y líderes de ideas y corrientes diversas; las “nuevas religiones” del siglo XXI, que se supone que van a salvar el mundo. Sin darse cuenta de que a las “personas” que abanderan esos movimientos no les preocupa si sube el precio de los alimentos básicos, el agua o la luz.
Ellos no van a arder en las piras que han creado y que las gentes alimentan con su fanatismo e ignorancia. Ellos se retirarán con sus pagas, con sus nuevos trabajos bien remunerados o con sus negocios conseguidos; mientras el ciudadano de a pie seguirá haciendo números para llegar a fin de mes, sin dejar de pagar con sus impuestos a los mandatarios que vendrán de nuevo y a muchos de los que se han ido.
Ellos ven desde sus atalayas como el fuego creado se extiende. Mientras, millones de seres humanos mueren de hambre o de enfermedad por falta de medios. Otros, militares y ciudadanos, mueren en guerras que han creado unos pocos de esos políticos y líderes que el pueblo tanto jalea.
Los informativos de las diferentes plataformas son programas del corazón en los que los protagonistas son los políticos y los creadores de opinión.
¿Quién es el malo? ¿Quién es el bueno? Son las preguntas que flotan en el ambiente y mantienen este circo del horror que juega con millones de vidas sin ningún escrúpulo.
Cuando, cualquier ser humano con experiencia (que es lo que se adquiere al haber vivido y haber reflexionado lo vivido) sabe que no hay buenos ni malos; que el homo sapiens es un animal enfermo de egocentrismo y vanidad. Hasta el punto de que se ha acabado por creer que de él depende la salvación del planeta tierra, que puede establecer normas para construir un futuro determinado, que tiene la potestad de decir y hacer lo que sea en beneficio propio sin pensar en nada ni en nadie.
El estado de degradación al que el mundo ha llegado sólo es explicable por una cosa. La edad infantil de muchos seres humanos se ha prolongado hasta la vejez. Eso explica que la mayoría de los que tienen el poder hablen y se comporten como si tuviesen cinco años. Tienen la razón siempre. “Si me gusta tu juguete te lo quito”. “Quiero comerme todas las golosinas”. Y, lo que es peor, juegan a la guerra como si estuviesen en el patio del colegio.
Mucha gente tiene una tendencia irrefrenable a despreciar al otro sin conocerlo, a envidiar lo que no puede tener, a rumiar odio y rencor. Probablemente porque no están satisfechos con las vidas que han llevado y llevan, es decir, consigo mismos.
En algún tiempo sí. Hoy, esa gente ya no me da ni pena.
Siempre he procurado alejarme de lo podrido. Por eso prefiero la soledad. Porque he querido y amado lo suficiente para saber que es mucho mejor eso, que seguir la ruta marcada por una sociedad que sólo aspira a la autodestrucción.
Bueno. Pues en esas estamos. En una sociedad global en la que, un gran porcentaje de gentes viven el día a día como pollos descabezados sin principios ni metas propias, sino movidos por las consignas que les dictan los políticos y líderes que pregonan una suerte de "nueva salvación". Una sociedad gobernada por seres humanos agresivos, donde las ideas y proyectos sólo buscan una rentabilidad económica y de poder.
Pero, en realidad, nada de esto es importante. Somos algo ínfimo e irrelevante en la inmensidad del universo.
El mundo seguirá cuando yo haya
muerto, cuando hayamos muerto todos los que estamos hoy en él, cuando haya desaparecido
la especie humana, cuando la tierra ya no exista, cuando el sol se haya
apagado. Y un día... tal vez se acabe.
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Foto ©Julio Mariñas
Compositor y escritor
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