LOS VERSOS QUE NUNCA LEERÁS
Tu mirada salvaje sonreía plena de intensidad y ensueño. Yo te llené de flores; Tú me diste palabras dulces de consuelo. Parecías decir Sí al decir No; y lo entendí y lo entiendo. Nuestros caminos se cruzaron en momentos de penosa asincronía; y la otra noche regresó a mi mente tu recuerdo; ratificando una vez más que hay historias breves inconclusas más intensas que otras de cuerpos enfrentados. Pudo haber sido. Han pasado más de treinta años. Te imagino lejana, en aquel tiempo en que te conocí; diosa de bronce y pelo ensortijado, saliendo de las aguas rotunda pero ausente. Las caracolas del amanecer cantan sobre la juventud pasada que hoy regresa; y tú, como yo, serás ya cincuentona; si es que acaso existes o, sin avisarme, el tiempo te ha llevado hacia la nada. De cualquier modo, en el ahora, en este otoño incierto y tormentoso, al evocarte en mis callados sueños, siento que aún conservo en la ...