UNA MALETA Y LA LUNA - XXVIII
Con esa característica de mostrarnos siempre la misma cara, la luna tiene algo íntimo y evocador. Esta que ahora contemplo es de idéntico aspecto a la de aquella noche lejana cuando me perdí en el bosque. Era un adolescente inquieto que siempre tenía predilección por lugares solitarios. Habíamos acampado nuestras tiendas junto al lago en una zona poco frecuentada por los turistas. Fue un fin de semana inolvidable. La noche que decidí alejarme del campamento para caminar bajo la luna llena, puso una nota de inquietud en aquel verano que siempre recuerdo con agrado. No había recorrido más de doscientos metros cuando los sonidos nocturnos comenzaron a cobrar una presencia inusitada. Aquí y allá surgían sin previo aviso; el ulular de los búhos, el sutil movimiento de una rama desplazada al emprender el vuelo una lechuza, los ruidos provocados por los roedores al moverse inquietos entre la hojarasca. Fueron sensaciones encontradas de una placidez tenebrosa. Hasta e...