Apenas dibujadas sobre el suelo, la pared de un muro, los caminos polvorientos; ya se han desvanecido. Tal vez por eso les damos tan poca importancia. Son un negativo de nuestra imagen, como la cara oculta de una misteriosa luna. Las sombras aparecen y desaparecen por arte de magia. La mayoría de las veces, transcurre la jornada sin que nos hayamos parado a contemplar nuestra sombra. Surge de los pies y, sinuosa, no conoce más obstáculos que la carencia de luz para vivir. En un continuo surgir y desvanecerse, hace lo posible por asomar a la luz de las farolas que iluminan las noches solitarias. A pesar de que pueda parecer que no está, siempre late en la pared que amarillea en la penumbra del solitario cuarto. Procuro observarla como negativo de lo más puro que hay en mí. Un negativo que sólo yo o quien yo estime necesario podrá revelar. Porque son tiempos de espesas nieblas proclives a ocultar el sol. Así, un ejército de sombras asola nuestras vidas, pugna por asaltar ...