LA INVISIBLE LINEA ENSANGRENTADA - JULIO MARIÑAS
Hace años que, para bien o para mal, las imágenes de guerra llegan a nuestras casas a través del televisor. Imposible no conmoverse ante la crueldad que el ser humano puede llegar a desarrollar. No es nada nuevo. Sobre la historia del hombre gravita siempre un rastro de violencia. Entre esas imágenes, han sido dos de ellas las que siempre me han impactado; más que los cuerpos destrozados o las bombas cayendo sobre las ciudades. Una es la mirada de los niños. Esos inocentes que viven la irracionalidad de sus mayores sin haber tenido tiempo de asimilar lo que es la vida; incluso sin poder discernir aún con claridad el bien del mal. Otra de las imágenes que quiebran el alma es la de los ancianos. Una mirada cansada pero firme, resignada. Unos ojos que nos están diciendo: “Yo hice mi vida creyendo en un mundo mejor, y ahora no tengo casa, ni tierra. Todo me lo han quitado”. Hay un río que baja turbio. Cada mañana al despertar podemos sentir el aliento del monstruo de la...